No son castillos comunes: 5 fortalezas cuyas murallas forman una estrella

Desde el suelo parecen murallas, fosos y caminos que cambian constantemente de dirección. Desde arriba, todo encaja: sus defensas dibujan estrellas alrededor de ciudades y pueblos. No se trata de una extravagancia arquitectónica, sino de una manera de organizar la protección del territorio, con salientes y estructuras que respondían a necesidades militares.

Estas cinco fortalezas permiten descubrir esa geometría sin quedarse únicamente con una fotografía aérea. Sus puertas, terraplenes, museos y calles ayudan a interpretar el dibujo mientras se camina. Algunas conservan amplios conjuntos históricos; otras incorporan reconstrucciones que conviene conocer para distinguir lo original de lo recuperado. En todas, la forma del recinto cuenta una historia de fronteras, conflictos e ingeniería.

1. Ciudad fortificada de Palmanova (Friuli-Venecia Julia, Italia)

Fundada por la República de Venecia en 1593, Palmanova fue concebida como una ciudad fortificada de trazado planificado. Su figura de nueve puntas se reconoce especialmente desde el aire, pero la experiencia a pie permite comprender cómo las defensas y la vida urbana fueron organizadas dentro de un mismo proyecto.

El conjunto reúne tres anillos de fortificaciones: dos venecianos y un perímetro exterior de época francesa. Las puertas monumentales conducen hacia el centro y refuerzan la sensación de entrar en un lugar cuidadosamente calculado. Aquí, la estrella no rodea simplemente una ciudad: forma parte de la manera en que fue imaginada desde su nacimiento.

2. Fortaleza de Bourtange (Groninga, Países Bajos)

Bourtange nació para controlar un paso terrestre entre zonas pantanosas, una posición estratégica durante la guerra de los Ochenta Años. Sus cinco bastiones respondían a esa función defensiva, mientras el entorno también participaba de la protección.

La visita actual requiere una aclaración importante: buena parte de lo que se contempla es resultado de una reconstrucción realizada entre 1967 y 1992, tomando como referencia el aspecto de 1742. Ese dato no le resta interés; permite entender el trabajo de recuperación histórica. Caminar por el recinto y visitar sus museos ayuda a relacionar la geometría militar con la vida de quienes ocuparon sus barracones y viviendas.

3. Ciudad fortificada de Naarden (Holanda Septentrional, Países Bajos)

La silueta estrellada de Naarden procede de sus seis bastiones, acompañados por un doble sistema de terraplenes y fosos. El Museo de las Fortificaciones de los Países Bajos, instalado en el bastión Turfpoort, ofrece una buena introducción al conjunto. Sus espacios subterráneos, piezas de artillería y exposiciones permiten ir más allá de la imagen panorámica.

La visita invita a pensar cómo se utilizaban esas estructuras y qué significaba vivir dentro de un recinto preparado para resistir. Arriba, los recorridos verdes suavizan la apariencia de las defensas; debajo, las casamatas recuerdan que el dibujo que hoy admiramos tuvo una finalidad muy diferente de la turística.

4. Recinto fortificado de Almeida (Guarda, Portugal)

Almeida conserva un sistema defensivo que, observado desde el aire, parece una estrella de doce puntas, contando bastiones y revellines. Sus fortificaciones fueron construidas durante los siglos XVII y XVIII alrededor de un castillo medieval, cerca de la frontera española. La posición explica su importancia: proteger este punto significaba controlar un territorio sensible.

En el recorrido aparecen fosos, puertas en forma de túnel y casamatas subterráneas preparadas para servir de refugio en caso de guerra. La experiencia resulta especialmente reveladora al alternar las calles del interior con el perímetro exterior, donde se aprecia cómo los distintos elementos componían una defensa continua y no una simple muralla.

5. Conjunto fortificado de Elvas (Alentejo, Portugal)

Elvas permite descubrir una estrella que forma parte de un sistema defensivo mucho más amplio. El conjunto reúne murallas de distintas épocas, fortificaciones abaluartadas y fuertes exteriores, entre ellos Santa Luzia y Nossa Senhora da Graça. Su historia estuvo estrechamente vinculada a la defensa de la frontera portuguesa y a conflictos como las guerras de independencia del siglo XVII.

Para el visitante, el interés consiste en relacionar esas piezas: no todo estaba concentrado dentro de un único recinto. Los recorridos por la ciudad y sus museos militares ayudan a comprender cómo se organizaba la protección de un territorio y por qué la geometría de las defensas resultaba tan importante.